El recato en el modo de vestirObispo Mark A. PivarunasJunio 21 de 1996 Amados en Cristo: Con el calor de los meses veraniegos no sólo es apropiado, sino necesario que nuestros sacerdotes prediquen a los fieles acerca de los peligros espirituales tan predominantes hoy en los ámbitos de la modestia y la castidad. Esta carta pastoral tiene como propósito ayudar a los sacerdotes en su responsabilidad moral de instruir a sus parroquianos. En primer lugar, los principios de la modestia y la castidad se basan en el sexto y noveno mandamientos de Dios: No cometerás adulterio (Éxodo 20:14). y No codiciarás la mujer de tu prójimo (Éxodo 20:17). Leemos, además, en el evangelio de san Mateo que nuestro Divino Salvador Jesucristo reiteró el noveno mandamiento cuando dijo: Oísteis que fue dicho: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mt. 5:27-28). Cuando reflexionamos sobre estos temas, nos vienen a la mente algunas de las advertencias que dio la Bienaventurada Virgen en Fátima (Portugal,1917): «Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. [...] Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón.» Han pasado casi 80 años desde las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y, ¡qué profético fue su mensaje! Con la moderna tecnología — la televisión, los cines y los videos, y ahora las computadoras — nuestros jóvenes están expuestos diariamente a la pornografía y otras inmoralidades que tanto destruyen su carácter moral. Sus efectos son obvios: promiscuidad y embarazo de adolescentes, abortos, abierta promoción de contraceptivos y aumento de crímenes violentos contra las mujeres. ¡Qué trágico es ver a tantos jovencitos vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas católicas caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros. El papa Pío XII lamentó este triste y funesto espectáculo en muchas ocasiones; por ejemplo, en 1954 dijo tristemente: «Cuántas jovencitas hay que, como tantas ovejas, no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados. Ciertamente se ruborizarían si supieran la impresión que hacen, y los sentimientos que evocan, en las personas que las ven.» En otra ocasión, se dirigió a los grupos de jóvenes católicas de Italia:
Todo eso está muy bien, pero carecerán de sentido en ausencia de ciertas pautas prácticas que indiquen exactamente qué constituye una vestimenta inmodesta para mujeres y niñas. Las siguientes directrices generales, basadas en varios extractos de libros de teología moral, no deben ser demasiado difíciles de entender para nuestras mujeres y niñas católicas: La vestimenta inmodesta corresponde a:
Aquí podría preguntarse acerca de aquellas ocasiones particulares que parecen pedir excepciones. ¿Qué hay de los tiempos extremadamente cálidos, los deportes y la natación? En estos casos, la mujer tendrá que utilizar el sentido común y tomar algunas precauciones extras, pues lleva una grave responsabilidad. En tiempos cálidos, puede usar un vestido o una falda floja, ligera y fresca, y, no obstante, ser modesta; en los deportes, y dependiendo de la actividad, debe ser creativa para mantenerse dentro de los límites; en la natación puede usar un tipo de yérsey o prenda que cubra, excepto cuando está nadando. Hoy el tipo de traje de baño femenino es extremadamente importante: la mayoría son groseramente inmodestos, y tal vez tendrá ella que hacerse o proveerse de sus propias combinaciones. Si eso es lo que cuesta permanecer modesta, debe hacerlo. Dejen que nuestras mujeres y niñas católicas reflexionen seriamente sobre su manera de vestir y sobre la obligación moral de abstenerse de los «estilos y modas que gravemente ofenden a nuestro Divino Señor». Cuando consideramos que el máximo mal que puede sucederle a alguien es la pérdida eterna de su alma, ¡cuánto más debiéramos temer ser la causa u ocasión de pecado para alguien! Teniendo esto en mente, concluyamos con una revisión de las instrucciones dadas por el Consejo de Vigilancia en el Acta Apostolicæ Sedis (Actas de la Sede Apostólica) a los obispos y ordinarios durante el pontificado de Pío XI: En virtud del Supremo Apostolado que ejerce en la Iglesia universal, Su Santidad el papa Pío XI nunca ha dejado de inculcar por palabra y por escrito aquel precepto de san Pablo (1 Tim. 2:9-10): «Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia [...] con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad». Y en muchas ocasiones, el mismo supremo pontífice ha reprendido y vehementemente condenado esa inmodestia que está hoy en boga en todas partes, aún entre mujeres y niñas católicas; práctica que causa gran daño a la suprema gloria y virtud de la mujer, y que desafortunadamente lleva no solamente a su desventaja temporal, sino, lo que es peor, a eterna ruina suya y de otras almas. No es sorpresa, pues, que los obispos y otros ordinarios, como ministros de Cristo, hayan resistido unánimemente y por todos los medios, en sus respectivas diócesis, esta licenciosa y desvergonzada moda; y con ello hayan tenido que soportar animada y valientemente el escarnio y ridículo algunas veces dirigido en contra suya. Consecuentemente, para mantener la disciplina entre clero y laicos, esta Sagrada Congregación aprueba y alaba dicha acción y vigilancia por parte de los obispos; además les exhorta seriamente a continuar en la tarea y propósito que tan sabiamente comenzaron, cada vez con mayor vigor, hasta que esa peste sea enteramente desterrada de la sociedad decente. Para que ello se logre con mayor facilidad y seguridad, esta Sagrada Congregación, en cumplimiento de las órdenes de Su Santidad, ha determinado los siguientes reglamentos concernientes al tema:
Para que nadie piense que este difícil tema de la modestia sea un tópico inapropiado e inadecuado para que dirijan nuestros sacerdotes a sus fieles, nos referimos a la declaración final de la Sagrada Congregación del Concilio: I. Cuando tengan la oportunidad, los pastores y predicadores deben, según las palabras de San Pablo (2 Tim 4:2): instar, redarguír, reprender, exhortar, con el fin de que las mujeres usen vestimentas decorosas, las cuales pueden ser ornamento y salvaguardia de la virtud; también deben ellos avisar a los padres que no permitan a sus hijas vestir inmodestamente. In Christo Jesu et Maria Immaculata, Regresar al inicio Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI
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